
Podemos confirmar en este momento lo mismo que cualquier cubano: que el Coma - andante no ha publicado nuevas reflexiones (¿tiene alguna certeza alguien de que cuando se publican sus reflexiones quiere decir que no ha muerto?), que no sabemos nada de él en vivo y a todo color desde hace casi dos años, que sólo hemos visto videos editados y fotos retocadas de sus encuentros con sus más cercanos y confiables amigos... y sobre todo, que a los que vivimos en Cuba nos dejó de interesar si vive o no hace muchos meses y esa es la mejor manera de enterrarlo.
En Cuba, queridos hermanos cubanos del mundo, hace mucho que no sabemos casi de él, y se nos olvida y hasta se nos confunde si murió o todavía está en cama, enfermo y ordenando, a punto de morir.
Para nosotros las cosas no cambian si él está vivo o si él está muerto. Su "continuidad" está garantizada... al menos por ahora.
Ya "ellos" explicaron en estos días que la doble moneda seguirá, que no podemos pedir más si no se produce más (¿y quién es el "dueño" del negocio y responsable principal para conseguir que se produzca más?), y hasta nos mataron la ilusión aclarando que NO habrá Internet para todos en muchos años.
Ya nos dimos cuenta que las guaguas chinas comenzaron muy bien... y comenzaron a perderse y no pasan tan seguido como hace dos meses, y una más: se acerca el verano, con la misma falta de alimentos de siempre y el escaso espacio en nuestras casas.
Al menos hasta hoy, no hay señales de que haya muerto físicamente (si es eso lo que nos preguntan en tantos correos). El día que eso pase, creemos que aumentará el control de la policía con perros en las calles, el patrullaje y algunas unidades de reserva llamarán a sus reservistas para guardarlos mientras ven la reacción de la noticia...
Incluso podrían no dar la noticia hasta años después y explicar que por un asunto de "salvar la Revolución" en aquél momento no se pudo decir.
De todas formas, si Fidel murió o está vivo no significa nada para nosotros, como no lo ha significado en casi dos años que lleva ausente (¡por suerte!) de los medios de comunicación y los discursos interminables.
Nosotros nos seguimos enfermando de apatía y aburrimiento y seguimos por años asistiendo al velorio nacional de un país que se nos muere.